VERDADERA RENUNCIACIÓN
Luego de la muerte del Rey de Darapur, su hijo fue coronado Rey del Reino. Luego de asumir el control del Reino, el joven rey comenzó a preocuparse porque no sabía en quien podia confiar, el consejo de quien debia seguir, y como conduciría los temas del reino. “No se quien es bueno y quien es malo. Mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre, todos obtuvieron el respeto de la gente. Las personas los tenian en gran estima. Que debo hacer para ganarme el amor de la gente como ellos?” Tenia estos pensamientos constantemente.
Una vez, el rey estaba parado sobre la veranda del piso mas alto de su palacio. De pronto, giró la vista hacia el camino del palacio. Vio grupos y grupos de personas - hombres, mujeres, niños, caminando en el mismo sentido. Llamó a uno de sus soldados y le pidió que averiguara donde iba esa gente. El soldado volvió e informó al rey, “un gran sabio va a dar una charla espiritual en las afueras de la ciudad. Se dice que brinda satisfacción a la gente al aclarar sus dudas. Por lo cual, todos se dirigen alli.” “Ajá, muy bien! Entonces, yo tambien ire alli y se aclararán mis dudas,” pensó el rey y fue a participar de esta reunión de forma tal que no lo reconocieran.
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El soldado informó al rey que toda la gente estaba congregándose en el lugar de reunión donde un gran santo estaba por dar una charla espiritual. |
Escuchó la charla del gran sabio atentamente y experimentó una bienaventuranza ilimitada. La reunión finalizó y todos volvieron a su lugar. Unicamente el rey bajo su disfraz no se movió del lugar. El sabio se levantó de su asiento para entrar al Ashram. Al levantarse de su silla, el manto del sabio se rasgó al atorarse en un clavo de la silla. El sabio inmediatamente entró en el Ashram, volvió con una aguja e hilo e intentó enhebrar la aguja para reparar el manto. Viendo esto, el rey le dijo con gran humildad, “su manto se ha rasgado y se ha deteriorado. Por favor deja ese manto y acepta mi manto nuevo.”
El sabio replicó, “Señor, yo no deseo su manto nuevo. Pero si usted quiere ayudarme, enhebre esta aguja por mi.” Sin decir mas, el rey devolvió la aguja luego de enhebrarla. Al finalizar el remiendo del manto con la aguja, el sabio habló estas palabras con sabiduría, “el Hombre no debería depender de nadie. Debería depender únicamente de Dios. Yo prefiero no depender de otros para resolver mis tareas.”
Al escuchar las palabras del sabio, todas las dudas del rey desaparecieron. El se dio cuenta que cualquier tarea compleja puede resolverse si uno tiene auto-confianza. El gran sabio agregó, “Uno puede convertirse en un gran erudito. Pero si no se pone el conocimiento en práctica, uno no es mejor que un burro que carga un gran bulto de ropa sucia sobre su lomo.” Luego de escuchar las enseñanzas del gran sabio, el rey volvió a su palacio muy satisfecho. Desde ese dia, el rey dejó de depender de la ayuda o consejo de cualquiera. El atendía sus deberes, siguiendo el consejo de su conciencia.
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El sabio dijo: “El hombre no debería volverse dependiente de nadie. Debería depender sólo de Dios". Luego de escuchar el discurso del sabio, todas las dudas del rey desaparecieron. |
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