Dedicado a la elevación Moral y Espiritual de la Humanidad Octubre de 2009       
Eterno Conductor
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   REFULGENCIA DE GLORIA DIVINA
FLORES DE FE

LA FE es el único camino que conduce al conocimiento. Cito aquí la fe inquebrantable de algunos que dejaron una huella indeleble en mí y me ayudaron a tomar conciencia de la gracia divina.


La construcción de la cúpula central en la terraza del Mandir estaba en marcha. Baba había asignado en Patel y en mí la tarea de supervisión del trabajo, lo que incluía por la mañana la apertura de la puerta que conducía a la terraza para el ingreso de los obreros y su cierre al final del día. Una noche, habiendo cuatro soldadores realizando su trabajo, dijeron, "Es ya el anochecer. Vamos a irnos y regresar mañana por la mañana para reanudar nuestra labor y finalizarla por la noche." Nosotros asentimos en consentimiento y estábamos a punto de dejarlos salir cuando Baba hizo una visita sorpresa.


Él nos instruyó que supervisemos que el trabajo se completase en la noche y luego se retiró. Los obreros, que habían oído a Baba, recogiendo sus herramientas regresaron con calma a su trabajo. Yo les pregunté, "Ustedes han dicho que no terminarían el trabajo hasta mañana por la noche. Deberían haber dicho lo mismo a Baba. Él es siempre amable y con mucho gusto habría permitido que se retiren." El hombre a cargo del grupo dijo: "Si Swami Mismo viene y dice que debe terminarse esta noche, entonces por Su gracia se va a terminar." De alguna manera, teníamos incredulidad acerca de la declaración filosófica del hombre. Sentíamos que trabajaban lento. Si salían a comer a mitad del trabajo, no sabríamos cuando regresarían, reanudarían y lo completarían. No sabíamos cuánto tiempo tendríamos que estar allí, en un frío penetrante.

       

   
A las ocho de la noche, Patel y yo tranquilamente tomamos turnos para ir a la cantina a comer, sin molestar a los trabajadores que estaban realizando su oficio sin descanso y con determinación.


Eran las ocho cuarenta y cinco cuando oímos pasos en las escaleras y la puerta se abrió. Baba entró acompañado por tres estudiantes que traían hojas de plátano, vasos, jarras de agua y dos carritos con alimentos. Baba de inmediato se dirigió a los obreros y les preguntó:" ¿Se completará el trabajo en una hora más?" Estando los cuatro en fila con sus manos juntas el encargado dijo: "Sí, Swami." Baba le dio una palmada y dijo: "Esta es verdadera devoción. Estoy feliz. Ustedes han estado trabajando continuamente durante cinco horas. Lávense las manos y tomen su comida. Hay jarras llenas con agua y toallas." Ellos no se molestaron en sus alimentos. Se vieron sobrepasados por las amables palabras de Baba y se postraron ante El, uno tras otro. Ese fue el verdadero festín de su vida. Nunca habían tenido una oportunidad de ver a Baba tan de cerca, tocar Sus pies y Oírle hablar con ellos.


Cuando los estudiantes comenzaron a acomodar seis hojas de plátano, Baba dijo, sin mirarnos, "Aquellos dos han tenido su alimento, sirvan sólo a estos cuatro." Baba estuvo allí por más de diez minutos hablando con ellos y preguntando por su bienestar. Él mismo les servía los dulces y los persuadió para que coman bien. Después de que se llenaron y fueron a lavarse las manos, los estudiantes retiraron las hojas y limpiaron el lugar. Antes de salir, Baba le dio a cada uno una manzana.
Cuando estaban postrados y tocando los pies de Baba, me di cuenta de que el borde de Su túnica estaba manchado porque la mano de uno de los trabajadores estaba sucia. Mientras Baba se iba le dije en voz alta, "¡Swami! Tu túnica se ha manchado", sólo para llamar Su atención. Baba, sin voltearse a mirarnos,  dijo: "Lo sé. No son manchas. Son flores de fe", y se alejó.


 Era demasiado tarde para que nos demos cuenta de que Baba sabía más sobre nuestra hambre que nosotros mismos. Los obreros mantuvieron sus cabezas en alto, y nosotros la escondimos en vergüenza.

B. V. Ramana Rao
"El Amor es Mi Forma"

 

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