Dedicado a la elevación Moral y Espiritual de la Humanidad Mayo de 2010       
Eterno Conductor
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   DIOS PROTEGE A SUS DEVOTOS
RESPLANDOR DE GLORIA DIVINA

UN viejo estudiante mío es un empleado de ferrocarriles, ahora moviéndose en trenes de inspección.  No lo había visto por muchos años después que salió del colegio.  De repente, en una parada de colectivo, me abordó y se me acercó.  Me preguntó si podía venir a Puttaparthi conmigo, la próxima vez que fuera a ese lugar.  Me sorprendió, que me hiciera esa pregunta, pues en el colegio, tenía la reputación de burlarse y jugar fuerte en el campo de fútbol.  Me dijo que había llegado a saber sobre Puttaparthi bajo circunstancias muy interesantes.  Será mejor que lo relate en forma de una historia conectada.


La hija de un devoto Sai fue dada en matrimonio a un empleado de ferrocarriles, pero la muchacha no estaba para nada feliz.  El empleado había caído en malas compañías y desarrollado una relación ilícita con otra chica.  Consecuentemente, la esposa era tratada muy cruelmente y casi murió de hambre.  El devoto trajo al yerno y su hija a Baba, pero el yerno dejó Puttaparthi y la Presencia de Baba en un modo atravesado y gruñón.  Negó maltratar a su esposa y levantó toda clase de cargos en contra de la pobre chica.

El grupo viajaba en tren.  Siendo un empleado de ferrocarriles, el empleado tenía permiso para pernoctar en un compartimento de primera clase que estaba vacío.  Alrededor del amanecer, el tren paró en una estación intermedia.  Tan pronto como se detuvo el tren, saltó el empleado, quejándose de dolor y llorando, ¡“Ayyo, Ayyo Ledu, Ledu” (oh, no, no)!  ¿Qué podía ser?  Mi estudiante, parece, se preguntaba.  Una gran multitud se congregó allí.  El personal del tren corría en todas direcciones.  Los policías sacaron libretas y lápices.  El empleado se quejaba y sollozaba a los gritos.  Lo habían golpeado en ambas mejillas mientras dormía en el compartimento de primera clase. 

 Tenía marcas rojas de dedos en ambas mejillas, cuando éstas eran tocadas, saltaba de dolor.  Había visto a Sathya Sai Baba dentro del compartimento, y fue Baba quien lo había golpeado así.  Dijo que merecía los golpes y que quería que lo dejaran solo.  No iba a entrar a ese camarote de nuevo.


No hay que asombrarse, mi estudiante que había presenciado el incidente del grito de dolor del empleado quería venir a Puttaparthi.  Tuvo el privilegio único de conocer cómo Sai Pita (Sai como Padre) protege y corrige a Sus hijos.

 por el Prof. N. Kasturi
“Sanathana Sarathi”, Agosto 1959

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